PÁGINA 0. Sopa de tomate

[Para la fría e insensible señorita Ayla.

Recibí bien tu última carta. Que pienses que una sola carta puede convencerme demuestra que no eres diferente de aquellos otros -los que creen que no hay que mostrar respeto ni cortesía a los más jóvenes-. Es un comportamiento muy distinto a lo que afirmabas, que eras diferente de la gente insignificante del pueblo. O tal vez simplemente eres tan indiferente que no quieres mostrar ni siquiera ese pequeño gesto hacia mí.

Las muchas noches que compartimos, que creí sinceras, para ti no fueron más que un entretenimiento pasajero. Pensaste que con una nota insignificante de una línea podrías resolver toda esta situación y tus sentimientos. Pero, señorita Ayla, eso es solo tu ilusión.

Te lo digo clara y amablemente: estás equivocada.

Han pasado diez días desde que recibí tu última carta -lo que la gente suele llamar un aviso- y casi me enfermé de dolor. Claro que no caí realmente enfermo. Desde pequeño he sido fuerte y nunca he tenido un resfriado. Y a ti eso te complacía.

Ahora me resulta extraño también. No te importa si alguien que no conoces está postrado en cama o corre todos los días por la ladera de una montaña.

Pero dejaré esa duda para después. Aún hay muchas cosas que quiero escuchar de ti, es decir, muchas partes que has omitido intencionadamente.

Señorita Ayla, disfrutaste escribir cartas conmigo.

Aunque empezó por una simple curiosidad casual, intercambiamos cartas durante bastante tiempo. Para mí, que me aburro rápido de todo, eso fue algo muy especial.

Sí, especial. Puede que pienses que esta expresión es demasiado trillada y poco sincera... pero, bueno, ¿qué importa ahora?

Ya que has decidido cortar nuestra relación sin piedad, no hay nada que temer.

Señorita Ayla, hubo muchas oportunidades.

Muchas, de verdad. Incluso el invierno pasado, si hubieras querido explicar la situación, podrías haberme contado tus sentimientos y planes.

Pero no lo hiciste.

Mientras afuera de las cartas te preparabas con confianza para ser una nueva esposa, dentro de ellas solo hablaste tranquilamente de mermeladas recién hechas y de tu hermano quisquilloso.

Jugando conmigo.

¿Te sientes cómoda tomando mi sinceridad como una broma pasajera? Los días en que escogía cuidadosamente mis palabras consultando el diccionario para no parecer un ‘niño inmaduro’ como tu hermano, para dejarte una buena impresión, ahora me parecen en vano.

¿Vas a chasquear la lengua y decir que mis sentimientos, tanto serios como terribles, son solo ‘sentimentalismos infantiles’?

Siempre tuviste un lado frío. Pero cuando preguntabas por mí, especialmente cuando recordabas de pasada cosas que dijiste hace meses, eras bastante atenta.

Yo me enamoré sin remedio de ese lado.

Si lo pienso con frialdad, racionalidad y lógica, no eras amable, solo... hábil para manejar las cosas. Y tienes buena memoria.

Así que, si quieres, puedes mostrar a los demás la imagen que deseas que vean. Lo que me escribiste no fue con el corazón, sino con técnica. Saber esto solo ahora, en esta situación, me hace entender cuánto te burlaste de mí en secreto.

O tal vez ni siquiera valgo la pena para que te burles. Si no hubiera enviado esta carta, para ti sería un mocoso un poco menos molesto. Pero yo no quiero eso.

¿De verdad todas las cosas que compartimos fueron mentiras? ¿Simplemente actuabas como una mujer elegante y madura -pronto adulta- para acompañar mis sentimientos sinceros?

Las muchas promesas que hicimos juntos están hechas trizas y llenan mi habitación de lágrimas. ¿Parece una broma?

Te gustan las personas maduras y firmes como tú. Por eso me esforcé en no comportarme como un niño. Sí, para ti la palabra ‘niño’ -que en nuestro pueblo se usa como saludo matutino- ni siquiera la usé.

Siempre elegí las palabras más eruditas y, bueno, refinadas que conocía. Prestaba atención incluso al espacio entre las frases. ¿Lo entiendes?

No esperaba que valoraras este esfuerzo. Si no me hubieras rechazado tan cruelmente, nunca lo habría revelado.

Quería parecer un joven bien educado y criado, como si fuera alguien así por naturaleza. Sí, mostrar esta fea verdad es porque me di cuenta de que todo ese esfuerzo fue inútil.

Gracias a ti, señorita Ayla.

Puedes estar orgullosa. Aunque sé que tú, tan inteligente, no lo estarás. Con tu excusa, o mejor dicho, con esa línea de aviso, me convertiste en un juguete insignificante.

Antes de recibir la carta, era un hombre ingenuo que releía la última carta esperando una respuesta; después de leerla, me convertí en un mocoso patético y tonto.

O tal vez desde el principio me viste como un mocoso fácil de manipular. Ya no tiene sentido siquiera imaginar tus verdaderas intenciones.

Me atrevo a preguntarte una última vez, señorita Ayla.

¿Qué fui para ti? ¿Fueron solo citas de poemas que encontraste en la biblioteca las muchas frases con las que me consolaste y animaste?

Si el tiempo que compartimos no fue solo una fachada, si tienes un mínimo de humanidad en tu corazón frío, por favor respóndeme.

Una excusa de una línea no puede representar todos estos años. Te lo pido sinceramente así.

Mirando la luna llena,

Tu joven amante, lleno de tristeza.]

***

Tu joven amante.

“¿Qué es esto?”

La mano que pasaba página tras página se detuvo en el último párrafo. Los dedos huesudos arrugaron ligeramente el papel rígido y luego miraron de nuevo el sobre de color marfil, liso y brillante.

Para la dama que se parece a la luz de la luna.

Dama.

En esta pequeña casa de dos pisos, solo dos personas podían ser llamadas ‘dama’.

Primero, una anciana que ya casi tiene setenta años.

Segundo, la nieta de la anciana, que acaba de cumplir dieciséis.

Ninguno de los dos títulos encajaba bien, pero si había que elegir, era más apropiado para la nieta. Además, el sobre estaba tirado en el pasillo, quizás la abuela lo dejó caer intentando entregárselo a la nieta.

Nunca hubo intercambio de cartas entre ellos en toda su vida.

En ese contexto, la chica abrió el sobre con ese título tan cursi. La carta contenía varios problemas. El principal era...

—¿Ayla?

La persona que leyó la carta no se llamaba Ayla. Mientras pasaba cuidadosamente varias cartas, la chica frunció el ceño y murmuró para sí.

—¿Qué demonios ha estado haciendo Ayla?

El remitente no estaba claro, pero el destinatario sí.

La mujer más hermosa de la isla. La que todas las familias con hijos solteros deseaban tener. Quien se casó recientemente en una boda espléndida y se fue de la isla como una nueva novia.

La hermana de Asha.

Ayla se casó con uno de los hombres más ricos del continente justo después del corto invierno. El vestido era blanco como la nieve, hecho con perlas molidas, siguiendo la moda de la capital, y en su cabeza llevaba una corona tejida con diamantes y ámbar en lugar de una guirnalda.

Vestida como una princesa de cuento de hadas, pisando flores de primavera y alfombras blancas, la mujer más hermosa de la isla se fue.

Y la semilla que Ayla sembró cayó tarde en manos de Asha.

Asha, que apretaba su sien derecha, se ajustó las gafas con impaciencia y mordió sus labios. Aunque hacía un día en que los niños valientes se lanzaban al mar sin ropa, Asha llevaba un chal crema sobre sus hombros delgados.

Una letra clara y firme, papel de buena calidad poco usado en la isla, tinta especial que brilla en verde azulado bajo el sol.

Había muchas personas que expresaban su amor apasionado hacia Ayla, pero nadie había mendigado afecto con palabras tan grandilocuentes.

Es decir, en la isla.

Las relaciones amorosas con quienes crecieron juntos no tenían nada de romántico. Incluso los más aventurados que practicaban serenatas para su hermosa hermana, preguntaban de forma tosca si ella quería "caminar juntos por el mar".

N/T: Me recordó a produce… solo pocos entenderán la referencia xd

Era directo y clásico.

Una frase de cita común para cualquier chica nacida y criada en la isla Iota.

Pero el hombre de la carta no decía que caminaran juntos por el mar ni que nadaran. Tampoco usaba expresiones anticuadas para alabar la apariencia de Ayla.

Si acaso, sí, la carta estaba llena de palabras ‘elegidas cuidadosamente’ por el hombre. Independientemente de si eran apropiadas o no, estaba claro que la carta estaba muy trabajada.

Más aún si se supone que fue escrita por un hombre ‘más joven’ que la mujer que acababa de alcanzar la mayoría de edad.

La chica leyó la carta una vez más rápidamente y subió las escaleras con pasos fuertes. Su cabello verde azulado, que le llegaba hasta la cintura, ondeaba como olas, y su respiración agitada calentaba sus mejillas pálidas.

Un hombre fuera de la isla.

La persona con la que su hermana intercambiaba cartas regularmente.

Alguien que escribió esas palabras llenas de traición y rabia.

Un viento fresco entró en la rutina de pasar todo el día encerrada en el dormitorio o la biblioteca. Por la ventana entreabierta se sentía el olor salado.

Debajo de la mesa junto a la cama había un pequeño cajón. Al tirar del tirador de bronce apareció una pluma vieja.

Asha respiró hondo y sacó la pluma casi seca y el papel que estaba guardado debajo.

Aunque no fuera la destinataria, al haber leído la carta debía responder. No importaba si el destinatario era un seguidor de su hermana o un estrecho de mente que se había confundido pensando que eran ‘amantes’.

De cualquier modo, debía ser cortés.

Sus labios secos dibujaron una línea fina. La mano que dudaba en el encabezado del papel se movió como bailando.

***

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